Quiero,
más que nada sé que quiero,
más allá te quiero y siento,
siento que me hace bum bum mi corazón, bum bum.
Quiero,
tanto quiero y quise tanto
y tanto fue que no sé cuánto,
siento que me hace bum bum mi corazón, bum bum.
Ana Torroja y Miguel Bosé
I
Sólo a mordiscos arráncame el día y con tu aliento deshoja mis poros. Voy a soltar el calor de mis ojos para en tus labios colgar mis tetillas y te des cuenta que, llamas intensas, hay corazones plagados de estrellas.
II Voy a bajar las cortinas al cuerpo e iré tendiéndolas, sueltas, ilícitas, bajo tus piernas. Sabré con saliva alborotarte los poros completos como un reguero de ardientes luciérnagas enamorando las noches más bellas.
III Con la ilusión de soltarme las manos, curiosas, dando desorden, viciosas, y desquiciarte, y grabar tus aromas sobre mis alas de arcángel, de barro; y al desplegarme desnudo en tu boca, no me imagino escribiendo estas cosas sin ti. ¿Ves?
IV El alba rosa dirá de mis cantos y tú sabrás de mi voz y su aliento como un cautivo huracán entre besos, y me sabrás hilvanando tus labios y sentirás que, latido y saliva, hay corazones que intentan poesía.
V Quiero llegar a tu piel en silencio, sin el estruendo de amor de revista, con la ilusión de quietud, la sonrisa que te desborde los cauces con versos del huracán que tu cuerpo me grita y el mío ni harto de amor te diría.
VI Es una noche de luna redonda y tú caminas juntando mis pasos con la distancia pequeña de manos, y con la luz de tus ojos me domas. Debes saber, si la voz me desnudas, que no concibe belleza de luna sin ti. ¿Ves?
VII No soy a súplicas tiernas sordo, no creas. Súbitamente el dardo que las dos sábanas une inflamo y despertándome va, gozoso. Con extrañeza te digo que ardo, que hay corazones que van despacio.
VIII Voy a colgarme del pan en tus labios como quien roba el maná de los dioses, y sabré entonces de luces y soles que desordenen mi piel, y mis pasos claros me lleven al borde en tus labios, locos y ciegos buscando su espacio.
IX Sordos latidos cantando al viento. Altas arterias de voz narcisa. Sólidos muros plagando espinas. Blanda la estancia del sol por dentro. Un palpitar con temor se esconde. Hay corazones y corazones.
X ¿La voz interna, latido en silencio? ¿La piel en cáscaras, cauce vacío? En vano escondo el latir del sentido y nadie sabe en mi voz el estruendo. Que aten tus labios mis cantos, entonces, y cada cual latirá sus pasiones.
XI Que no te asombren los vidrios que cubren mi corazón a la luz de tus manos. Quiero que seas tormenta en mis labios, darte mi llave si tú me desnudas de los cristales. No temas y mira: hay corazones con alas de espinas.
XII Cuando te extiendo mis brazos, siento perder mi apostura. Cuando los pechos se juntan, siento un temblor prolongado. Cuando mis labios te asfixian, te dan deseos, caricias.
XIII Entra en mis brazos y arráncame todas tú las espinas que tengo en las alas: ante ti son como inútiles guardias, vanas fronteras. Mis alas arroja para sentirte, y al sanar con saliva no me imagino el placer de una herida sin ti. ¿Ves?
XIV Te quiero dar la pregunta loca y mi latir de pasión despierta. Acerca más tu abrazar que alienta el entregar mi calor de boca y sentiré que, cuando me tomes, me llueven mares de corazones.
XV ¿Extraño, alerta, espinoso, cobarde, piedra, narciso, difícil, altivo, hielo, silencio, ritual, desafío? También volcán y dialogar afable, caricia, imán, ardor, cuando me arrobes cambiando el rumbo de mis emociones.
XVI Pulso despierto, huracán de arterias, y yo queriendo incendiar latidos en el volcán de mi cuerpo ilícito para sentirte colgado en venas y ya en tu espalda sentir que extiendes un horizonte y un para siempre.
XVII Juntos latir, despistando relojes, y rebrincar corazones despiertos para cortarnos la fruta, sin tiempo, tímida luz y vibrar de emociones. Contigo quiero sentir que, perennes, mi corazón con el tuyo se pierde.
XVIII Lánzame el dardo directo a las alas para perderme en tu ardor y desorden. Abre las puertas de los corazones para entregarte latidos que aguardan tu aliento, y sepas sentir que, vibrantes, hay corazones que tiran a darte.
XIX Quiero escribirte los cantos más hondos como un plagar de estrellas el cuerpo. Siento que el tuyo no late: pues siento que tanto incendia huracanes de loco. Hay corazones que, en fin, sólo laten, y sólo el tuyo que es punto y aparte.
XX Entre mis torpes palabras de arcángel atolondrado, en mis labios de barro te aguarda inmensa la piel. No sé cuánto siento que quiero incendiarme y atarme contigo, y siento que quiero tus horas: no me imagino una vida, una historia sin ti. ¿Ves?
ALBERTO LÓPEZ SERRANO
0 comentarios:
Publicar un comentario en la entrada